27.2.12

con el afecto de un abrazo de hermano

 
Aquellos a quienes no he amado,
aquellos a quienes ni siquiera he conocido,
conservarán la parte más pura de mí.

Vosotros, solitarios, que diréis mi nombre
y hallaréis la paz leyendo mis poemas.
Para vosotros escribo
con el afecto de un abrazo de hermano.


No me améis por el esfuerzo que entraña.
Escribir para vosotros
es como repetirse lentamente
los versos de un poema querido.


Cuando leáis mis libros
oiréis en ellos vuestra propia voz;
el vacío elemental de vuestra vida
que os llena las manos de viento.


No queráis penetrar su sentido.
Apartaos a jardines íntimos
o a cuartos silenciosos
y rogad con mis palabras -las vuestras-
maravillosamente vivas y actuales.
Yo, entonces, me haré visible en todas las cosas.

24.2.12

bizarra y como de amazona era su talla.



La vieja Meg era gitana
y vivía en el monte:
era el brezo rojizo su lecho
y al aire libre tuvo su morada.
Negras moras de zarza por manzanas tenía,
por grosellas, simiente de retama;
su vino era el rocío de blancas zarzarrosas,
tumbas del camposanto eran sus libros.

Las ásperas quebradas por hermanas tenía
y por hermanos los alerces:
y sólo en compañía de su familia vasta,
vivió cómo le plugo.
Pasó sin desayuno más de alguna mañana
y sin almuerzo más de un mediodía,
y en vez de cenar, fijamente
contemplaba la luna.

Mas todas las mañanas, con tierna madreselva
sus guirnaldas tejía,
y cada noche, el tejo de la hondonada oscura,
cantando, entrelazaba.
y con sus dedos viejos y morenos
tejía esteras de junco,
que daba a los labriegos
al pasar por el monte.

Fué Meg bizarra como la reina Margarita,
y como de amazona era su talla:
llevó por capa el trozo de alguna manta roja,
tocóse con un mísero sombrero.
Que a sus huesos de vieja conceda Dios descanso,
pues murió ya hace tiempo.

Meg Merrilies, John Keats
Versión de Màrie Montand

22.2.12

"La salvación es el beso": reseña de Beatriz Gimeno

Beatriz Gimeno, escritora y actvista social

Leo bastante poesía, de todo tipo, una me gusta más que otra, pero ya pocas cosas me impactan porque he leído mucho. El libro de Txus me impactó porque, independientemente de su calidad, reconozco que me golpeó muy dentro, que me llegó al hueso. Eso es porque he podido leerlo como el itinerario poético de una vida que podría ser mi propia vida.

Ella nos presenta a una niña no niña que es asignada a un lugar al que no pertenece; es un no lugar o un lugar en la frontera. Esa es ella, esa era yo. Una niña que no encaja en el lugar de las niñas de braguitas con encajes y con lazos, que no se ve como una niña, que se ve gorda y fea. Enseguida, en la adolescencia aparece el deseo como el hilo conductor de todo, del tiempo, del dolor, pero también como la posibilidad cierta de cualquier felicidad. El deseo como fuerza vita, como camino que se abre ante ella y que llama a ser recorrido. Sin embargo, cualquier realización del deseo pasa por el reconocimiento en la mirada ajena, y quien está fuera del campo visual habitual es, simplemente, invisible. A algunas nos colocaron desde el principio más allá de donde alcanza la vista de los otros, de las otras; algunas fuimos creciendo allí donde nadie puede mirarte con deseo. Y eso duele.

Txus lo escribe: “pasé mi adolescencia odiando y llorando“. La razón: “ni siquiera me miran”. Y el problema es mucho mayor cuando te gustan todas: “masculinas, femeninas, intersex, andróginas, solteras, casadas, monjas, viudas, enamoradas. Ellas. Todas”. Cuando te gustan todas pero ninguna de ellas te mira es cuando aparece el sufrimiento. A mi también me gustaban todas y a mi tampoco me miraban. El lugar en la frontera de Txus era su aspecto de no niña, el mío era la enfermedad.

A partir de aquí, hay quien se conforma (y muchas mujeres se conforman con facilidad), hay quien utiliza la santa paciencia, la resignación cristiana, la media naranja, el “alguien aparecerá…”. Pero hay quienes no nos conformamos y comprendemos en seguida que hacerse visible a la mirada ajena, hacer que nos deseen, es sólo una cuestión de estrategia. Hay que saber conducir la nave, hay que utilizar técnicas, tener un método. Yo siempre lo éxplicaba así: “Hay que aprender a brillar”. Txus aprendió a brillar magnificamente, yo también.
Así, he leído el libro de Txus con la emoción de enfrentarme a una especie de poema épico antiguo en el que se me ha permitido seguir  su itinerario vital, desde niña no niña, desde su no- lugar asignado y rechazado, hasta su autoconciencia del deseo y la convicción de la necesidad de utilizar estrategias; a la convicción de que es posible aprender a provocar el deseo en la mirada ajena.  Es cierto que hay que esforzarse pero al final te ves compensada con creces.

Finalmente Txus se salva cuando, como en todo poema épico, nuestra  héroe llega a su patria, al lugar en el mundo al que se pertenece en realidad, y éste es para ella  -también para mí- el lugar del cumplimiento del deseo y del amor. Ese es el lugar de la salvación. La salvación, ella misma lo dice…”es poder vivir sin miedo”. O cómo también escribe: : “la salvación es el beso (…) Nada más que eso”. Yo lo suscribo, la salvación es el beso, no hay nada más que eso.

Texto para la presentación en Madrid el 20/02/2012 del libro "Poesía para nñas bien (Tits in my bowl)"